sábado, 8 de septiembre de 2018
Me pregunto qué hubiera pasado si esta semana yo hubiera estado viviendo en Saigón. ¿Cuántos días hubiera visto a Trung? ¿Cuánto tiempo? ¿De qué modo? Supongo que, mínimo, hubiéramos quedado un día y, si es verdad lo que me dice que está pasando la noche del sábado en el hotel porque nadie quiere quedar con él, hoy podríamos habernos ido a cenar algo y salir por ahí o simplemente tomarnos una copa. Sé por qué sigo tan enganchado a Trung, y sé que es más por aburrimiento y porque no tengo mucho más que hacer que porque realmente tenga muchas ganas o un gran deseo de él. Me gusta y me encanta que sigamos el uno en la vida del otro, porque así es lo que quiero que sea, pero también es cierto que no pretendo que sea mi pareja nunca más. Aun así, no dejo de pensar en él como futurible, y eso hay veces, muchas, que me fastidia. No me siento muy orgulloso de mis deseos contra Peter, pero no quiero profundizar en ello. El corazón tiene razones que la razón no quiere ni empezar a plantearse. Pero, sí, me encantaría saber cómo hubiéramos pasado esta semana, y si yo la hubiera llevado bien o hubiera estado, como me da miedo reconocer, expectante todo el tiempo, con miedo a hacer planes por si no estaba libre cuando él llamara o escribiera para quedar. Pero, por otro lado, no hubiera estado nada mal para que hubiera puesto algo más de distancia entre mis recuerdos de nuestra primera semana juntos en Saigón y el presente. Ojalá algo con Trung fuera sencillo en mi cabeza.