lunes, 10 de septiembre de 2018

Reconozco que, cuando me lo dijo, me hizo gracia. Pero que Laura insistiera en que estuviera oyendo mucha música como parte de mi día a día fue mucho más que un buen consejo. Hay canciones que me entristecen, claro, y que se pueden evitar fácilmente. Pero hay, las más, que me dan vida, que me llenan de ganas de bailar, cantar, optimismo irracional y buen rollo. Son esas canciones que me permiten evadirme de forma rápida e indolora. Y no son temazos, ni mucho menos, pero me da igual, porque no puedo estar triste si oigo la tontería de Thalía o el ritmo vibrante de Todrick como si yo también estuviera en una pasarela a lo drag queen.