viernes, 7 de septiembre de 2018

Dani ha desaparecido. O eso creo. Vino a mi casa antes de irse de vacaciones a Bilbao y, tras volver, le mandé un mensaje al que respondió y, luego, nunca más se supo. No es que no respondiera a lo que le contesté, sino que ni siquiera ha llegado a leerlo. Ayer le mandé el típico 'Supongo que seguirás vivo' pero, de nuevo, ni lo ha leído, a pesar de que se ha conectado a Whatsapp. No entiendo qué le pasa y porque ni me lee ni me escribe. Se supone que nos caemos bien, que nos gustamos, que lo pasamos bien juntos... y que quizás sea de los pocos (creo) que le hacen caso, teniendo en cuenta que es una persona casi imposible de ver cuando está trabajando y que su idea de sexo y planes divertidos tienden a ser seta. No lo entiendo. Creo que siempre he sido simpático y un buen amigo, no me merezco que me ignore de ese modo y me molesta y me duele. Ya tenía claro desde el principio que no habría nada más entre nosotros que una amistad con algún beneficio esporádico, pero aquí no se trata tanto de expectativas (sí, Trung, ya lo sé) como de entender un comportamiento que, a todas todas, se me hace muy difícil de entender. Si ahora que está de vacaciones y podemos hacer cosas juntos ni me lee los mensajes, como para tener esperanzas de que podamos hacer algún plan en otro momento. En fin, él se lo pierde, porque, a pesar de todo, sigo pensando que soy un amigo cojonudo y que la gente que es mi amiga puede sentirse orgullosa de ello. Si él no me quiere en su vida, perfecto, pero ni le he dado motivos para salir huyendo ni me vale el cuento de que estaba agobiándose o enamorando porque no es verdad. Lo que tengo claro es que no voy a escribirle más si no lo hace él antes. Y en unas semanas, de seguir así, borraré su contacto del móvil. No me apetece ver a gente que me hace daño en mi libreta de direcciones.