viernes, 7 de septiembre de 2018

Luis me dio una pequeña alegría el miércoles. Estaba yo algo mosca porque no sabía nada de él y se supone que ya había vuelto de vacaciones, así que me limité a escribirle un mensaje de 'Supongo que estarás vivo', para hacerle sentir un poco culpable por ignorarme. El caso es que su respuesta: "Mierda, te quería escribir esta tarde para que fuera yo el primero en saludar y no tú", fue todo un regalo. Estoy muy necesitado de gestos por su parte, de que haga cosas que me permitan tener confianza en que él está tan interesado como yo en mantener el contacto, en estar el uno en la vida del otro de alguna forma, y que esta sea cercana, emotiva y real. Que él tenga iniciativa es un bálsamo, y me creo que quisiera escribirme esa tarde. Me apetece mucho verle, espero que podamos cerrar una cita para la semana que viene, entre sus múltiples actividades extra escolares y logística de muebles y más obras de su casa nueva. Por un lado tengo algo de curiosidad por conocer su casa, pero si no la llego a ver nunca me daría un poco igual. Sí que me apetece que vea la mía, aunque más por el egoísmo de ver si algo se le mueve por dentro, de que recuerde lo bonito que hubo entre estas paredes entre nosotros, como lo recuerdo yo. Acabo de darme cuenta de que estoy durmiendo donde él me dejó. Aunque creo que lo prefiero a mantener el dormitorio donde estaba, que supongo que sería más duro. Hoy dormiré con Brown. Él es él.