viernes, 7 de septiembre de 2018

Esta mañana, Son ha vuelto a dejarme claro que estamos en dos velocidades diferentes, o en dos planos diferentes. Sea lo que sea, no estamos en la misma sintonía. No quiere comer conmigo hoy y me cita directamente para el domingo, que hemos quedado para ir a Alcalá. Pero resulta que tampoco tenía claro que íbamos a ir al cine a ver la del perro, cuando se lo dije el miércoles en mi casa. Resulta que ya la ha visto, pero no me lo dijo. Entre lo que se le olvida y lo que no cuenta, no deja de darme razones para que yo deje de ilusionarme (sí, Trung, ya lo sé, nada de expectativas con nadie ni con nada, el secreto de la felicidad que a ti te funciona pero no sé yo si a mí me valdría). Pero el caso es que Son me gusta. Y me gusta mucho, lo cual es una putada, porque no tengo claro que pueda encontrar a nadie con tantas cosas a su favor como él. Aunque suene superficial, pero el hecho de que sea vietnamita es una de las razones más interesantes. Pero además me parece guapo, me encanta su sonrisa, folla de maravilla, es interesante y de conversación genial, con gustos musicales muy interesantes de los que ya me he agenciado varias canciones y se va a quedar en España al menos dos años, por lo que no sería descabellado intentar algo más serio. El caso es que las señales eran bastante equívocas, porque me dijo que soy su favorito en España, que él busca algo más que sexo (eso me lo dijo antes de conocernos, y creo que es algo que me gustaría hablar con él, porque yo le dije que buscaba amistad y sexo y que el amor es algo que, desgraciadamente, sale solo y soy incapaz de controlar o decidir nada al respecto) y que le encanta estar conmigo. El miércoles me dijo que le encantan mis ojos, que son muy bonitos.Pero por qué en persona es dulce y luego es como si pasara de mi culo. Solo he logrado estar dos días enteros ignorándole y terminó escribiéndome el tercero. Me gustó esa sensación, pero no tengo claro si volvería a hacerlo. Voy a tener que frenarme porque supongo que estoy ya cerca de agobiarle y de que salga huyendo. Lo que tengo claro es que no quiere nada serio conmigo, porque entonces no se olvidaría de nuestras citas y mostraría algo más de interés en verme o en escribirme. Y yo, imbécil de mí, no dejo de escribirle, de ofrecerle ayuda (que nunca acepta), de ser simpático y cercano... No, lo siento Ricardo, sé que dices que hay que ser un hijo de puta, pero yo prefiero estar ausente a ser quien no soy. Y me gusto más de gilipollas integral que de tipo duro arranca cabezas. El caso es que Son me sigue encantando, pero también me conozco y sé que no puedo sostener mucho tiempo el enamoramiento-agilipollamiento-tontería si no hay al menos unas migajas que me entretengan. Si quiere que seamos solo dos colegas que follan un día a la semana que se viene a mi casa a comer, pues perfecto, tan sencillo como cambiar el chip. Sí, creo que lo puedo hacer, tan pronto como respire hondo y deje de escribirle. Después de lo de hoy, no creo que ese día esté tan lejos. Y si desaparece, pues fueron buenos polvos. Lo que más me inquieta es que me escribiera cuando estaba yo en Hanoi. Me pregunto qué hubiera pasado si hubiéramos quedado en persona durante esa semana que estuve allí, cómo hubiera cambiado completamente todo. Porque supongo que me hubiera colado fácilmente por él, y no hubiera perdido el tiempo con Duc, y más sabiendo que habla español y que pensaba ir a Madrid dos años. ¿Hubiera conocido a Trung? ¿Habría pasado esos meses en Saigón? Está claro que todo son casualidades que se van sucediendo. Pero sí, toparte en Madrid con un chico que te escribió por Grindr hace un año en Vietnam no es algo que ocurra todos los días. Por desgracia.